Su conferencia repasa 30 años de innovación en el tratamiento endovascular del arco aórtico. ¿Qué hitos destacaría en esta evolución?
Si hoy podemos hablar del arco aórtico como un territorio cada vez más accesible al tratamiento endovascular es gracias a una secuencia de innovaciones tecnológicas y, sobre todo, a la enorme experiencia acumulada en centros de alto volumen. Lo que hace tres décadas era un desafío casi inabordable —por la anatomía, las limitaciones de los dispositivos y el riesgo neurológico— ha ido dando paso a resultados cada vez más fiables.
La llegada de los primeros dispositivos fenestrados y, posteriormente, de las endoprótesis ramificadas específicas para el arco supuso un salto cualitativo. Hemos aprendido a seleccionar mejor a los pacientes, a gestionar la rotación del arco y a optimizar la preservación de ramas supraórticas. Y, por supuesto, la mejora en la imagen intraoperatoria y la navegación ha permitido realizar procedimientos complejos con menor agresividad y mayor seguridad.
¿Qué aporta hoy el enfoque endovascular frente a la cirugía abierta en este territorio tan exigente?
La cirugía abierta del arco sigue siendo el tratamiento de referencia e imprescindible en determinados casos, especialmente en pacientes jóvenes y en contextos donde la anatomía lo exige. Pero en pacientes frágiles o de alto riesgo la terapia endovascular ofrece alternativas que hace unos años eran impensables. Basta considerar que aproximadamente entre el 20-40 % de los pacientes son rechazados para cirugía convencional del arco aórtico y aproximadamente la mitad fallecen; por tanto, en tratamiento endovascular ha venido a ofrecer una oportunidad de tratamiento a un grupo de pacientes que de otro modo no tendrían alternativa.
Permite reducir el trauma quirúrgico, evitar tiempos prolongados de circulación extracorpórea y disminuir complicaciones neurológicas o pulmonares. No sustituye a la cirugía abierta, sino que la complementa: la clave es valorar cada caso con rigor y ofrecer al paciente la opción más segura y duradera.
En los últimos años han proliferado las soluciones fenestradas y ramificadas. ¿Cómo describiría su evolución y su impacto clínico?
Diría que su evolución ha sido doble. Por un lado, hemos asistido al desarrollo de dispositivos a medida, personalizados, que se adaptan con gran precisión a la anatomía del paciente y ofrecen excelentes resultados, especialmente cuando hablamos de endoprótesis fenestradas en aneurismas yuxta o pararrenales.
Pero, por otro, vemos que en el arco aórtico la tendencia va más hacia dispositivos ramificados —con más de una rama interna y listos para usar— que hacia grandes fenestraciones, aunque estas pueden resultar útiles para tratamiento de lesiones localizadas en la curvatura menor del arco o disecciones. El motivo es que el arco exige cierta tolerancia durante en el despliegue y mecanismos que minimicen los riesgos derivados de la rotación o y de una liberación a distancia en una zona de alto estrés hemodinámico.
Hoy es posible tratar patología compleja con tasas muy bajas de mortalidad y eventos neurológicos, algo que hace solo diez años parecía lejano. Eso habla de la solidez de la tecnología y de la curva de aprendizaje de los equipos.
¿Hasta qué punto la personalización del dispositivo condiciona la seguridad y la durabilidad del tratamiento?
La personalización es, sin duda, una herramienta fundamental. Un dispositivo adaptado a las particularidades anatómicas del paciente mejora el sellado, disminuye las endofugas y reduce la tensión sobre los stent puente o los vasos diana. La diferencia en precisión es especialmente relevante cuando tratamos aneurismas complejos o con cuellos hostiles.
Ahora bien, en situaciones urgentes, las soluciones off-the-shelf permiten actuar de forma rápida y eficaz. Incluso en esos escenarios, cuando el estado del paciente lo permite, una endoprótesis modificada por el médico puede ser una alternativa valiosa. Lo importante es disponer de un abanico de opciones para ofrecer siempre la mejor respuesta clínica
En esa línea, ¿cuáles son los grandes retos técnicos que aún persisten en la aorta ascendente y la toracoabdominal?
La aorta ascendente sigue siendo un territorio difícil. Su corta longitud, el flujo elevado y la proximidad de la válvula aórtica y las coronarias limitan claramente la viabilidad de muchos dispositivos. A corto plazo, no parece que vayamos a ver soluciones endovasculares generalizables en esta zona; la cirugía abierta continúa siendo esencial; sin embargo sí que ya ha demostrado ser factible la técnica denominada "endobentall", donde se trata la aorta ascendente preservando la válvula aórtica y las arterias coronarias, lo que nos permite anticipar que el momento llegará y la cuestión aquí sería cuándo.
En la aorta toracoabdominal, las endofugas y la estabilidad de los stent puente siguen siendo áreas críticas. En especial, nos preocupan las arterias renales y viscerales, donde la permeabilidad a largo plazo puede verse comprometida. Aquí la ingeniería de nuevos stents específicos para ramas es una línea prometedora.
La innovación tecnológica avanza muy rápido: IA, robótica, nuevas técnicas de imagen... ¿Cómo están influyendo estas herramientas en el desempeño del cirujano vascular?
El impacto es enorme. La inteligencia artificial y el procesamiento avanzado de imágenes permiten prever complicaciones, simular el comportamiento de una endoprótesis o planificar procedimientos con una exactitud milimétrica. La robótica, aunque todavía incipiente en nuestro campo, apunta a mejorar la precisión en la navegación y reducir la radiación.
Todo ello nos permite realizar procedimientos más eficientes, seguros y reproducibles. Pero ninguna tecnología sustituye la experiencia: lo que realmente está transformando la cirugía endovascular es la combinación entre dispositivos de última generación y equipos clínicos que tienen una enorme capacidad para interpretarlos y utilizarlos con criterio.
Como nuevo presidente del Capítulo de Cirugía Endovascular de la SEACV, ¿qué prioridades se marca para los próximos años?
Nuestro objetivo es consolidar una comunidad profesional sólida, colaborativa y capaz de liderar la innovación en España. Queremos impulsar registros robustos, promover formación especializada de alto nivel, reforzar la relación con la industria y seguir potenciando la investigación multicéntrica.
También es fundamental integrar a los cirujanos jóvenes, que son quienes van a desarrollar los avances que hoy solo estamos empezando a vislumbrar. La cirugía endovascular es una disciplina vibrante, y el CCEV debe ser un motor para su crecimiento ordenado, seguro y orientado al paciente.
¿Cómo imagina el futuro del tratamiento endovascular de la aorta compleja?
Un futuro prometedor. La cirugía endovascular ha demostrado ser capaz de avanzar al ritmo de la tecnología, y su margen de mejora sigue siendo enorme. Veremos dispositivos más fiables, más flexibles, mejor adaptados al arco y a la aorta ascendente; veremos herramientas que guíen la toma de decisiones en tiempo real; y veremos resultados de largo plazo que hoy ya empiezan a igualarse a los de la cirugía abierta en ciertos territorios y en otros incluso los supera.
Lo importante es mantener una visión equilibrada: celebrar la innovación, pero con la prudencia y el rigor necesarios para que el beneficio final sea siempre la seguridad del paciente. Esa es la verdadera medida del progreso.